Estoy pensando seriamente en arrancarle las últimas páginas al libro que leí en el viaje a mi casa. Jamás he mutilado un libro, les debo cierta admiración y respeto a los árboles que fueron sus padres. Era una historia conmovedora con un hermoso final feliz, hasta cinco páginas antes del final. Después de tanta armonía con el universo, me regalan una muerte totalmente inesperada. Quizá lo hubiera visto venir si no hubiera estado tan ebria de alegría por la buena suerte de los personajes; pareciera que algo debía pagársele al universo; la salvación de un alma, la extinción de otra.
Parece que los escritores no cesan de obsequiarnos.
Al escribir esto recordé la escena final de Restless; en el funeral, él recuerda los momentos bellos. Acostumbro a releer pasajes de mis libros favoritos. Pues bien, nunca más esas páginas finales.
Update: dos almas por una.