En ocasiones permanece sentado en uno
de los vagones a 2046 con la mirada
perdida en la ventana de luces patidifusas.
Pero no se queda en esos momentos. La
mayor parte del tiempo suele buscar
otra manzana, otra sonrisa, otro cuello
que le recuerden que aún duele,
está aquí con ella/sin ella/a pesar de ella.
Y de todo lo que ninguna completa.
La encuentra desperdigada: una tiene la
sonrisa; aquélla, la espalda; la más tiene
las ganas de irse hasta la Basílica de
rodillas.
En todas está, en ninguna se revela.
Busca en contrarse en los brazos de otra,
pues en los de ella se perdió
y con pálida esperanza se persigue en
regazos ajenos, imaginando la tormenta
de nieve y el frío andén donde ella le espera.
En su novela, un misterioso tren salía de vez en cuando hacia el año 2046. todos los que iban en él tenían la misma intención: recuperar su memoria perdida.Se decía que en el 2046 nada cambiaría. Nadie sabía a ciencia cierta si era verdad, porque ninguno de los que fueron jamás volvió. Excepto uno. Estuvo allí. Eligió marcharse. Quería cambiar.
tsss... Cómo me -mama- leer este tipo de cosas, después de la una de mañana, mientras mi dolorosa ignorancia sobre los desbalances de pH me come.
ResponderEliminar.-.-.j.l. yooo.-.-.-.