-Y durante tanto tiempo viví debajo del balcón. Todos los días se asomaba y me deleitaba con su altivez de reina, con sus miradas desdeñosas, los lengüetazos con los que sus patitas lavaban su pelo.
-¿Era eso lo que querías contarme?
-No. Lo que quería contarte es que el día que la bañaron en una batea con agua escuché exclamaciones de júbilo nunca antes maulladas en la minina. Y eso que me asomaba desde el muro de jardín, que queda lejos de los lavaderos.
-Entonces le gustaban los baños con agua.
-Más incluso que los que ella se daba. Pero seguía lengüeando sus garritas, a la vista de todo el que quisiéramos verla. Como si eso engañase a alguien.
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